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¡Aguas con la depresión navideña!

Existe una creencia generalizada de que la tasa de depresión y de suicidios aumenta significativamente al final del año; pero, ¿qué tan cierto es eso?

Foto: Especial

Ciudad de México.- Desde hace algún tiempo corre el rumor de que la temporada navideña y de fin de año coincide con un aumento en la tasa de suicidios; sin embargo, todo parece indicar que se trata de un mito. ¿Qué tan cierta es, entonces, la “depresión navideña? ¿Cuáles serían sus síntomas? Y, ¿cómo podrías evitar sufrir de esa tristeza cuando todo el mundo parece estar tan feliz?

El primer mito que es necesario derribar es aquel de los suicidios navideños, que tendrían lugar debido a la tristeza profunda a causa del frío, la oscuridad, las noches prolongadas y la obligación social de ser inmensamente feliz y tener una familia unida en estas fechas. Pero, según las estadísticas, diciembre es el mes que tiene la menor incidencia de suicidios de todo el año —de hecho, las temporadas con mayor proclividad para los actos suicidas son la primavera y el otoño—; aunque no se ha determinado una causa específica, al parecer este hecho tiene que ver con una pizca de sentido común de parte del potencial suicida: la conciencia del dolor que la partida forzada podría causar en la familia y amigos puede ser una potente motivación para postergar la fatal decisión y resistir un poco más para “vivir al menos en una última Navidad”.

Pero más allá de las cifras de suicidios, es un hecho que existe la depresión navideña, la cual ha sido denominada también como SAD por las siglas en inglés de Seasonal Affective Disorder —o desorden afectivo estacional—, la cual tiene raíces en procesos psicológicos y biológicos, pues todo el reino animal, incluyendo a los humanos, se ve afectado por los cambios estacionales a lo largo del año. Algunas especies, por ejemplo, alistan sus nidos o madrigueras para las bajas temperaturas o se preparan para una larga hibernación, mientras que otras empiezan a comer abundantemente con el fin de engordar y así contar con reservas para la temporada de escasez que se avecina. En el caso de los humanos, los científicos han indentificado tres factores que pueden influir en la aparición de la depresión navideña:

El acortamiento del día afecta a tu ciclo circadiano: los cambios en tus patrones de sueño pueden generar desconcierto, irritabilidad y desgano.

Con la menor presencia de luz solar durante el día, tus niveles de serotonina disminuyen, lo cual puede conducir a la depresión.

De igual modo, durante el invierno desciende el nivel de melatonina en el organismo; esta hormona se encarga de controlar los ciclos de sueño y el estado de ánimo.

Así es que si de pronto ni la llegada de Santa, ni los villancicos, ni el ponche con piquete, ni las luces ni los regalos logran ponerte de buen humor, ya sabes a qué se debe. Y ahora, viene la pregunta: ¿qué se puede hacer contra este desorden afectivo estacional?

Cómo combatir la depresión navideña

Una vez que has identificado en ti mismo el SAD, hay varios consejos que puedes poner en práctica. La doctora Susan Degges-White, consultora y especialista en desarrollo humano, sugiere:

Identifica y reconoce tus emociones. De nada te servirá hacerte el fuerte o la mujer de hierro, y repetirte que “todo está bien”; si haces un examen y reconoces tus sentimientos, será más sencillo hallar las causas, si es que las hay, y salir a flote.

Evita caer en las típicas reflexiones de fin de año. Pocas cosas pueden hundir más a alguien con SAD que los dichosos recuentos de lo bueno y malo, los éxitos y los fracasos, que son el pan de cada día en estas fechas. Las personas con tendencias depresivas a menudo carecerán de objetividad y serán demasiado severos con sus propias fallas y muy parcos con sus logros.

Encuentra razones para estar agradecido. En lugar de añorar las navidades pasadas o de quejarte por el consumismo, la hipocresía o el tránsito decembrinos, enfócate en los aspectos de tu vida con los que estás satisfecho. Y no, no se trata de un truco barato de autoayuda: está científicamente comprobado que repasar los eventos positivos de tu vida eleva los niveles de dopamina y serotonina, lo cual te hará sentir mejor casi de inmediato.
Contacta a la gente que quieres. Si durante algún tiempo has estado evitando esa llamada telefónica con tus padres o esa visita a tus hijos que no ves desde hace mucho, este es el momento: el contacto social positivo genera un sentido de pertenencia, la cual es esencial para el bienestar físico y emocional.

Haz el bien. Mucho se habla del “espíritu navideño”, pero pocos se animan a conocer las enormes gratificaciones emocionales que reportan los actos benéficos a la gente que en verdad lo necesita. Puedes, por ejemplo, recolectar suéteres, abrigos, cobertores y otras prendas que ya no usas, y repartirlas entre la gente de la calle que está expuesta al frío y la intemperie. O, simplemente, sé amable con toda la gente que te rodea. La cordialidad y el agradecimientos sinceros y honestos serán la mejor medicina para tu incipiente depresión.

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